Recalificación: ¿origen de los incendios?

Han pasado ya 8 días desde el fatídico domingo en el que toda Galicia contemplaba estupefacta cómo se quemaban miles de hectáreas de sus montes y, con ellos, centenares de sueños y medios de vida de una infinidad de gallegos a los que les costará años recuperarse de semejante desgracia.

Mucho se ha hablado, y especulado, de cuáles son las verdaderas razones que hay detrás de cada uno de los incendios que se llevaron por delante parte del patrimonio natural gallego. Se habla, no sin razón, de unas condiciones climatológicas adversas y , efectivamente, éstas se han dado. Las lluvias este año en todo el territorio gallego han brillado por su escasez lo que ha provocado una importante sequía que, si bien es cierto que en el interior es mucho más pronunciada, ha sido generalizada en todo el territorio autonómico hasta el punto en que en zonas tradicionalmente húmedas y con abundancia de agua como las Rías Baixas comienza a hablarse de medidas de control y limitaciones al uso indiscriminado. Si a esta razón le sumamos unas temperaturas inusualmente elevadas, ya no sólo en los meses más calurosos si no durante todo el año (¡en octubre se han llegado a los 32 grados en puntos de la costa!) obtenemos la combinación perfecta para darse los hechos catastróficos que se han dado.

Ante estas condiciones tan propicias resulta fundamental mencionar el tan triste como cierto, factor humano. Un alto porcentaje de los incendios en territorio gallego encuentra en el ser humano la causa principal de su existencia. Aunque no debemos confundir negligencia con intencionalidad, las consecuencias, al fin y al cabo,  son las mismas.

Las causas que llevan al ser humano a cometer semejante barbarie es, quizás, el punto que más controversia genera, especialmente una concreta a la que siempre que asistimos a unos hechos semejantes, la elucubración popular acapara su atención. Hablamos de la famosa recalificación. No fueron pocos los usuarios que durante los días de los incendios veían en la recalificación de los terrenos quemados, esto es, la modificación de la calificación urbanística de un terreno para darle otro valor o uso, la oscura razón por la que se dieron los tristes hechos que se dieron.

Una y otra vez se han repetido las teorías conspiradoras de que detrás de los fuegos estaba el interés urbanístico. Sin embargo, la ley de Montes de Galicia, en consonancia con la ley estatal de Montes de 2003 y modificada en 2015,  es tan clara a este respecto como extendido su desconocimiento.

El artículo 59.3 de la citada ley cita, textualmente, que “en terrenos afectados por incendios, no podrá producirse un cambio de uso en treinta años”, así mismo matiza que, únicamente, “con carácter singular, podrán acordarse excepciones siempre que, con anterioridad al incendio forestal, el cambio de uso estuviese contemplado:

  1. En un instrumento de planteamiento previamente aprobado
  2. En un instrumento de planteamiento pendiente de aprobación si ya fue objeto de evaluación ambiental favorable o, de no ser esta exigible, si ya fue sometido al trámite de información pública.
  3. En una directriz de política agro forestal que contemple el uso de pastos o agrícola extensivo en montes incultos o en estado de abandono que no estuvieran arbolados con especies autóctonas.

No obstante a todo lo anterior, el artículo 50 de la Ley estatal de Montes completa lo citado anteriormente reconociendo la potestad de la comunidad autónoma de “acordar el cambio de uso forestal cuando concurran razones imperiosas de interés público de primer orden que deberán ser apreciadas mediante ley siempre que se adopten las medidas compensatorias necesarias que permitan recuperar una superficie forestal equivalente a la quemada. Tales medidas compensatorias deberán identificarse con anterioridad al cambio de uso en la propia ley junto con la procedencia del cambio de uso.”

Como podemos observar, la ley es clara a este respecto y echa por tierra las teorías que buscan en oscuros intereses las razones de todo mal. El cambio de uso de un terreno quemado únicamente sería posible con anterioridad al plazo legal de 30 años siempre que dicho cambio hubiese estado previsto con anterioridad al incendio por lo que éste carecería de absoluto sentido.

Por tanto, son muchas las causas que pueden estar detrás del origen de los incendios en Galicia, a una climatología extrema, agravada en los últimos años como consecuencia del cambio climático, así como a una deficiente política forestal y escaso mantenimiento de los montes por parte de los poderes públicos , podemos añadir otro factor: el humano, sí, pero que no tiene necesariamente por qué responder a intereses económicos. Por factor humano entendemos tanto las acciones negligentes por parte del hombre, ya sea a través de una colilla mal apagada o de una deficientemente controlada quema de rastrojos,  como los comportamientos intencionados. De hecho, éstos suponen, desde 2001 a 2014, el 80% de los fuegos ocurridos en Galicia. Sin embargo, lejos de la falsa creencia popular, la intencionalidad mencionada parece responder a otra serie de causas diferentes a los intereses económicos. Tal y como refleja la Fundación Civio en un estudio realizado para comprender estos hechos, de todos los incendios ocurridos en el mismo periodo de tiempo, sólo el 0,15% fueron provocados con la intención de obtener una recalificación del suelo calcinado.

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